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La Torre Negra

La gigante de piedra nos indica con gestos que nos acerquemos a ella, a pesar de su aspecto no parece una amenaza y al acercarnos nos susurra que la sigamos. Nos guía por la galería de túneles ante un altar y una pared pintada con escenas de caza, gigantes y muerte, allí nos dice su nombre, Conna y nos pide ayuda para terminar con la locura de Mokmurian.   Tiempo atrás Mokmurian fue exiliado de su tribu por utilizar las artes prohibidas, pero tras varios años regresó de su exilio, retó y venció al líder Vandarek. Bajo su mando Mokmurian viajó con su tribu hasta Jorgenfist y frente a un altar azotó a Vandarek hasta su muerte. Conna era la mujer de Vandarek y el altar donde murió es la pintura frente a la que nos encontramos y donde nos cuenta su historia. Año tras año Mokmurian ha ido doblegando al resto de tribus de gigantes, solo falta que los gigantes de la escarcha se unan a su ejército y así comenzará su guerra contra el Vasto y contra el mundo. C...

Cómo entrar en Jongerfist sin morir en el intento...

Las cosas no iban bien… habíamos tomado la torre que vigilaba la entrada a la hondonada de la fortaleza y derrotado a su guardiana, pero ¿nuestro intento de pasar desapercibidos había sido en vano? El tiempo transcurría inexorable y cada segundo perdido podía dar al traste con toda la operación. Sin tiempo apenas para maldecir nuestra falta de pericia y con el soplo del desastre bufando en nuestra nuca, planeamos meticulosamente nuestro siguiente paso. No podemos entrar de frente ni arriesgarnos a ser descubiertos tratando de penetrar las murallas desde el aire, así que decidimos que, lo más sabio, es dar un rodeo. Tenemos la ventaja que nos da la noche y el ocultamiento proporcionado por las escarpadas montañas de las Púas de Hierro. De esa forma, nos ponemos en marcha alejándonos por el norte, y al abrigo de los riscos nos dirigimos sin dilación hacia la guarida de Diente Largo, el dragón rojo que abatimos en la batalla de Cala Arenosa. Nos lleva varias horas alcanzar el e...

La línea que nos separa de la guerra

Es increíble lo mucho que ha cambiado todo en tan poco tiempo. Hasta hace pocas semanas, la máxima preocupación que podíamos tener era que alguna incursión ogra saltara nuestras defensas e hiciera daño a algún grupo reducido de civiles. Eran tiempos más sencillos y felices. Pero siempre ocurre lo mismo: no somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo hemos perdido. Cuando las cosas comenzaron a torcerse, busqué a los héroes de Sandpoint con un único objetivo: restablecer el orden en Fuerte Rannick. Una unión breve, la justa y necesaria para volver dejar las cosas como estaban y volver junto a los Flechas Negras… Cuán necio era entonces. Nunca imaginé que el devenir de los acontecimientos nos arrastraría como hojas en la crecida de un río, hasta traernos aquí, ante una muralla que separa el equilibrio de la destrucción. Antes, un fallo implicaba en daños irreparables para una familia. Ahora, un paso en falso puede implicar en el fin del mundo tal y como lo conocemos. Hace y...

Regreso a Cala Arenosa

  La actividad era frenética, los soldados se apostaban en las almenas, el sheriff Hemlock junto con la alcaldesa organizaban las defensas mientras guiaban a los ciudadanos a los sótanos de la antigua fábrica de cristal.   En la torre más alta de Cala Arenosa Thorik vigilaba cualquier señal que indicara la llegada del enemigo. Un fuerte estruendo sonó a lo lejos en el bosque, los pájaros huían en desbandada. La primera orda de gigantes se acercaba a Cala Arenosa.     Los héroes retornados salieron al encuentro de los gigantes, Dorkas se lazó directa hacía el enemigo seguida de Soros mientras Thorik, Glin y Stolas se quedaban rezagados. Los gigantes aprovecharon la distancia que los separaban para lanzar enormes piedras y así retrasar el ataque del grupo, la lucha fue caótica, mientras caída el último gigante una fuerte explosión resonó en el interior del pueblo y por un instante una enorme sombra sobrevoló Cala Arenosa.   Sin h...

La Morada del Gigante

Existe un viejo dicho enano que sentencia lo siguiente: “Al que mucho desespera, va el diablo y se lo lleva”... ¡Y bien que nos empleamos para confirmar el maldito refrán!  Nos faltó tiempo y seso para perdonar la vida a aquel engendro de los abismos. Bien que nos escudamos en el altruismo de que, nuestro pacto demoníaco, era por una buena causa, por lograr un bien mayor que paliaría nuestras conciencias. Y bien que nos merecimos el ganarnos un terrible enemigo de por vida. Anotaremos el nombre de Avaxial en nuestra memoria, pues es el pago que nuestras almas aceptaron como deuda a la falta de juicio. Sea como fuere, el demonio cumplió con el trato y, tal vez por última vez, el mecanismo que hacía funcionar las compuertas de vaciado de la presa cobró vida, derramando el agua sobrante acumulada. Librado el valle de ser inundado y a Caparazón Ferry de la destrucción, abandonamos el lugar y nos dirigimos a Fuerte Rannic, donde pasamos la noche y descansamos. Bajo...