La joven Isonde, nació en una pequeña aldea costera cerca de la ciudad de Magnimar, un lugar donde la superstición era más fuerte que la fe. Desde pequeña la suerte parecía perseguirla, pero siempre de una manera torcida. Si encontraba una moneda, alguien cercano enfermaba; si escapaba de un pequeño accidente, otro lo sufría en su lugar; si soñaba con un presagio, éste se cumplía, pero nunca como ella pensaba.
La gente decía que estaba tocada por algo antiguo, no sabían
cuán cierto era.
Una noche mientras dormía, una sombra líquida emergió del
suelo y se deslizó hacia ella. No era un demonio, ni un espíritu, ni un dios.
Era algo mucho más viejo que todos ellos, un fragmento de magia primigenia, un
eco de un poder que existía mucho antes de que los mortales dieran nombre a sus
dioses.
Ese poder la eligió o la maldijo, a veces es difícil
distinguirlo. Justo cuando esa energía ancestral la marcó de por vida, una
pequeña criatura apareció junto a ella, era una rata albina, de ojos rojos,
cabeza alargada y mente despierta. No era un simple animal, era un familiar
nacido del mismo poder oscuro que la había tocado.
La rata se convirtió en su única compañía, le hablaba en sueños,
le advertía de peligros que estaban por llegar y a veces, la guiaba hacia
decisiones que parecían las correctas.
Cuando la aldea descubrió que Isonde podía manipular la
suerte, no dudaron en desterrarla, echarla de su hogar y culparla de todo lo
malo que les había sucedido. Isonde huyó, dejando atrás su casa y corriendo
hacia un destino que ya no podría evitar.
Tras varios meses vagando por Varisia, Isonde se refugió en
la ciudad de Magnimar, donde encontró un grupo de aventureros que no la veían
como una amenaza, pero tal vez si como una herramienta. Ella aceptó su rol sin
protestar, sus compañeros la respetaban, no la entienden del todo, pero la
respetan.
Los cuatro viven en Magnimar, una ciudad vibrante, llena de
peligrosos secretos. Desde allí reciben los encargos de la Sociedad Pathfinder,
nada demasiado heroico, nada demasiado peligroso, nada que cambie el mundo,
hasta ahora.

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