Vieja Korvosa nunca ha sido precisamente una parte brillante de la ciudad...pero esto ya es demasiado. Cadáveres en la calzada, bandidos por doquier, matonismo como única moneda de cambio, y los pocos hogares decentes que quedan están cerrados a cal y canto. En nuestra entrada al territorio del emperador nos encontramos con cuatro rufianes con ganas de gresca. Peor para ellos. Casi sin pausa, vienen otros ocho rufianes que se creen más listos que los anteriores. Peor para ellos. Les ha costado, pero nos llevan ante el emperador. Esto es un desastre, una caricatura de corte real que indica la bajeza moral de quien la ocupa. El tal Pilts Swastel nos conmina a jugar al cerdo de sangre. Son bárbaros hasta en sus diversiones. Tengo que reconocer que aunque crudo, el juego es imaginativo. Desgraciadamente, no estamos para juegos. Iru y yo vamos dando cuenta de estos fantoches a puño limpio mientras el resto del grupo se entretiene jugando con el maldito cochino. Para su decepción, el emperad...
Frikadas & crónicas del entorno rolero, fetenero y phoskitero cordobés