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Entradas

Asalto al Castillo Korvosa

Todavía no puedo creer que hayamos acabado con un dragón negro, y más de esa edad y experiencia...con un sudor frío recorriendo mi espalda cuando recuerdo como sus piel hacía rebotar mis dagas aún golpeando entre sus escamas. Los habitantes de Korvosa están tan sorprendidos como nosotros, y poco a poco se acercan para aplaudir nuestra vuelta...es como si se quitaran un velo de los ojos y por fin volviesen a ver Korvosa como siempre debió ser. Pero la realidad apremia, y debemos llevar a Sabina con Cressida cuanto antes. Una vez reencontradas y para bien, nos disponemos a descansar y prepararnos: un viaje al Averno nos espera. Formando un círculo con las manos entrelazadas al que se une Sabina y gracias a la magia de Bensa, llegamos a un lugar al que desde luego espero volver nunca. El mismísimo Averno con su río Styx y su afluente, el Río Sangre. Tras unas horas que se me antojan semanas, por fin encontramos a Iru. Parece apesadumbrada, desesperada, como si poco a poco la maldad del Av...

Profunda Oscuridad

 Entramos a la gran Torre, su arquitectura rompe con toda lógica, no hay juntas en la pared ni el suelo, parece que toda la torre es una única pieza, totalmente lisa y negra. Un espíritu nos da la bienvenida, su rostro aterrador se despelleja a medida que avanza, sus músculos caen en finos trozos al suelo, al acercarse, su cara vuelve a recomponerse y el proceso de despellejamiento vuelve también a repetirse.  "Por fin habéis llegado, llevo siglos esperando... Soy Tarn Riverna, causante de todo este mal, por favor, no os detengáis, continuad vuestra lucha hacia el interior de esta Torre, la espada yace aquí". Recorremos la Torre, buscando el artefacto que pueda derrotar a Kazavon, un pozo en la sala central parece ser el único camino a seguir, sin pensarlo, saltamos hacia su interior. Bajamos varios pisos en caída libre, la magia de Morgana se encarga de que la altura no sea ningún problema, las paredes negras se tornan en venas, arterias, músculos y ligamentos de colores roj...

Extinguiendo la maldición de Muro Cicatriz

Las puertas del oneroso e impresionante templo a Loviatar se abren ante nosotros. El símbolo del látigo de nueve colas se parte por la mitad cuando la enorme puerta de doble hoja nos deja paso sin hacer el más mínimo ruido.  Entramos a una especie de recibidor, que me da por bienvenida al posar el primer pie dentro del templo un grito ensordecedor en mi mente y un golpe inmaterial que me arroja al patio como un guijarro arrojado por una cría goblin. Sacudiéndome el polvo y aguantándome el dolor en las costillas, le pido a Bensa que sea ella quien rompa la barrera mágica, no sin antes curarme. El templo está bien guardado, nos encontramos tanto con un elemental de agua como con los espíritus torturados de varios clérigos de Loviatar que se suicidaron dentro del templo, entendemos que ante la desesperación en la caída de su líder. Desde luego el lugar es tanto o más siniestro incluso de lo que esperábamos, con una despensa dedicada a órganos de humanoides encurtidos para un gusto inh...

La Catedral del Mal

  Llegamos a un sala oscura y hay un cuadro que me deja aterrorizada, una imagen de Kazabón con un hacha en la mano está a punto de decapitarme, en un momento el cuadro vuelve a su forma original, lleno de moho y envejecido. En nuestra siguiente batalla luchamos con cuatro minotauros y un guerrero esqueleto acorazado envuelto en llamas, es Castothrane, uno de los Señores de Muro Cicatriz. Acabamos con él y con todo su séquito, no antes de dejar a Iru y a Variel con las fuerzas mermadas. Recuperamos poco a poco la vitalidad para seguir con nuestro objetivo, destruir al único Señor que nos queda por destruir en éste inmenso y oscuro Castillo. Nos encaminamos hacia la Torre Octogonal. Después de matar y saquear a un par de perros infernales y a unos pocos minotauros, entramos en una sala dónde hay unos cuadros mohosos y esas imágenes muestran batallas de Kalzouh. Esas pinturas están firmadas por Zevralenka, obispo de Muro Cicatriz. En ese instante Variel nota que algo ó alguien la sus...

No mires arriba

Avanzamos escaleras arriba hacia la tercera planta de Muro Cicatriz, las horas se confunden con los días, nuestros ojos ya se han acostumbrado a la falta de luz en este maldito lugar, pero nuestros corazones siguen temerosos a cada paso que damos. Varias estancias abiertas, nos muestran las maravillosas vistas del castillo; parece que en su día esta zona estuvo destinada a recibir y albergar criaturas aladas. Es evidente que no estamos solos aquí arriba, aunque el grupo se mantiene siempre alerta, dos demonios atacan por sorpresa a Iru, sus cuerpos están llenos de púas afiladas, la batalla es feroz, la bárbara no puede soportar la presencia demoníaca de los monstruos y huye, la sangre de los demonios se mezcla con la de los aventureros, pero finalmente las criaturas del averno muerden el polvo y son masacradas.   Bensa camina pensativa, es evidente que la maldad acumulada en este lugar afecta a la sacerdotisa de manera diferente. Variel perdió su peculiar sonrisa nada más cruzar la...